Augurio
Era poco dado a la fantasía y eso lo reflejaba en sus novelas, siempre realistas. Tal fue así que cuando le invitaron a una ceremonia vudú, más que asombro mostró indiferencia. Ante su estado, el viejo de la tribu se acercó a preguntarle con qué mano escribía. A lo que el escritor respondió adelantando su mano derecha. Entonces, el viejo acercó el cuenco donde habían desangrado un gallo e indicó que la metiera ahí, la mano. Así hizo el escritor.
Al día siguiente, para ejercitar su inventiva, agarró papel y bolígrafo y se puso a describir lo que tenía cerca: la bandeja con restos del desayuno y la jarra del zumo, intentando detallar los dibujos que esmerilaban el cristal. Pero no pudo, se quedó con la mirada sobre la línea en blanco. Arrugó el papel y lo rompió. En ese momento, la jarra hizo añicos. Entonces se dio cuenta: todo lo que ponía o quitaba sobre el papel, se cumpliría.
Para asegurarse, escribió un relato donde otro novelista, más laureado, moría en un accidente. Fue terminar de escribirlo y cumplirse el augurio. Así decidió escribir una novela autobiográfica donde, por primera vez, conquistaría el terreno de la fantasía. El protagonista sería él mismo que, por un pacto con el diablo, conseguiría laureles de reconocimiento. La escribió en su refugio de invierno, junto al fuego de la chimenea. Fue terminarla cuando sonó el teléfono. Al ir a cogerlo tropezó, cayendo el manuscrito a las llamas. El escritor se llevó la mano a la cabeza pero no porque no tuviese más copias, qué va. Fue porque el calor le subía, abrasándolo vivo.
jueves, 31 de octubre de 2019
miércoles, 30 de octubre de 2019
miércoles, 23 de octubre de 2019
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